OCTUBRE 1934

Parece que sólo se recuerdan las efemérides cuando estas corresponden a números redondos y no sé si por esta razón nadie rememora por estas fechas, la Revolución de Octubre de 1934 en Asturias. Pues bien, aunque sólo sirva para hurgar en eso de la “memoria histórica”, pues políticos e historiadores “profesionales” sufren de desmemoria o simplemente “están por otras cosas”. Ahí van cuatro datos:
En la Segunda República tras las elecciones generales de 1933, el Partido Radical del “demagogo del Paralelo”, Alejandro Lerroux, forma gobierno con el apoyo de la CEDA de Gil Robles , de ideología clerical y antirrepublicana, lo más parecido a lo que es hoy el Partido Popular. Comenzando el período conocido como “Bienio Negro”, que se dedicó a la anulación sistemática de la legislación promulgada en los dos años anteriores. Si ya los trabajadores habían asistido con decepción a la falta de valentía del nuevo régimen para afrontar las desigualdades sociales, con el ascenso y la vuelta de los políticos más reaccionarios, decidieron organizarse, y en Asturias, región luchadora por excelencia, eso se concretó en 1934 en la llamada Alianza Obrera, que no era otra cosa que la unidad de acción de las dos centrales sindicales de clase de la época, CNT y UGT (“Uníos, Hermanos Proletarios”). “En la noche del 4 al 5 de Octubre comienza la huelga general que en Asturias toma forma de revuelta popular. La insurrección estalla en Oviedo, Gijón, y en las cuencas mineras, donde la pasión revolucionaria se extiende de pueblo a pueblo con el sonido de la dinamita. Los obreros se lanzan a la calle, sus primeras acciones son la toma de los cuarteles de la guardia civil y los polvorines, y la ocupación de las fábricas para poder administrar de la manera más justa posible lo que ellos mismos producen. En la zona de las cuencas, donde predominaba la UGT, el sistema adoptado fue el comunismo autoritario, aboliendo la propiedad privada, pero limitando la libertad y estableciendo una férrea disciplina. En las zonas más industriales como Gijón, La Felguera… donde predominaban los anarcosindicalistas de la CNT se proclamó el comunismo libertario, aboliendo la propiedad privada, la autoridad, donde cada uno era responsable de sus propios actos sin imposiciones.
Tras la inicial victoria del movimiento revolucionario y dado que en las otras partes del Estado la CNT, por diferentes motivos, no se había sumado a la revuelta, el éxito de este preludio de la guerra de clases que sería en su inicio la guerra civil, estaba condenado, por aislado, al fracaso.
La “Comuna de Asturias” fue aplastada por el ejército, con Franco como director de las operaciones, y “pese a que a su entrada en Asturias el día 18, los obreros ya habían depuesto las armas, las tropas se ensañaron con ellos y con toda la población en general, con muertes, torturas, vejaciones y todo tipo de humillaciones, destacando la extrema crueldad del Tercio, venido desde África”.

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