DEL TRABAJO EN TIEMPOS DE “CRISIS”

*TRABAJAR : Del latín vulgar TRIPALIARE “torturar”, derivado de TRIPALIUM “especie de cepo o instrumento de tortura” en el que se ataba a los esclavos.
tripalium11

Es en tiempos de crisis cuando precisamente la palabra “trabajo” adopta todo su nefasto valor, cuando se impone como una necesidad vital para ser “alguien” en esta sociedad, cuando triunfa la paradoja de que para la vida sea necesaria nuestra condena perpetua al tedio y a la muerte administrada.
Siguen unos fragmentos del libro “El horror económico”, de Viviane Forrester, que así lo refrendan:
“Vivimos en medio de una falacia descomunal: un mundo desaparecido que nos empeñamos en no reconocer como tal y que se pretende perpetuar mediante políticas artificiales. Millones de destinos son destruidos, aniquilados por este anacronismo debido a estratagemas pertinaces destinadas a mantener con vida para siempre nuestro tabú más sagrado: el trabajo /…/
No es poca cosa cuando una sociedad lúcida, sofisticada, conduce a toda una “población” (en el sentido que le dan los sociólogos) como quien no quiere la cosa hasta los extremos del vértigo y la fragilidad: a las fronteras de la muerte y tal vez más allá. Tampoco es poca cosa inducir a aquellos a quienes avasalla a buscar, mendigar un trabajo, de cualquier tipo y a cualquier precio (es decir, el menor). Ysi no todos se entregan en cuerpo y alma a la búsqueda vana, la opinión general es que deberían hacerlo. /…/
Se advierte que frente a ciertos peligros, virtuales o no, es el sistema basado en el trabajo (aún reducido al estado de sombra) el que aparece como nuestra defensa…Sus rutinas, aparentemente capaces de atenuar o demorar lo peor, giran en el vacío y nos mantienen adormecidos en…la “violencia de la calma”. La más peligrosa, la que permite a las demás desencadenarse sin obstáculos y que proviene de un conjunto de imposiciones derivado de una tradición terriblemente larga de leyes clandestinas. “La calma de los individuos y las sociedades se obtiene mediante el ejercicio de antiguas fuerzas coercitivas subyacentes, de una violencia enorme y tan eficaz que pasa inadvertida”, y que en última instancia se la incorpora a tal punto que deja de ser necesaria. /…/
Todo se organiza, prevé, prohibe y realiza en función de la ganancia, que por lo tanto parece insoslayable, unida al meollo mismo de la vida hasta el punto que no se la distingue de ella. Opera a la vista de todos, pero no se la percibe. Aparece activamente por todas partes pero jamás se la menciona a no ser bajo la forma de esas púdicas “creaciones de riquezas” consideradas beneficiosas para toda la especie humana y proveedoras de multitudes de puestos de trabajo.Por consiguiente, la ganancia tiene la prioridad; es el origen de todo, como una suerte de big bang. Sólo después de garantizar y deducir la parte que le toca a los negocios —a la economía de mercado— se tiene en cuenta (cada vez menos) a los demás sectores …”

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