HOY COMO AYER…

Agustín Rueda nació el 14-11-1952 , en una barraca de la Colonia de Sallent(Barcelona), pueblo minero con importante porcentaje de inmigrantes, madre tejedora y padre minero con el drama de la miseria habitual en la época, de antes y de después. En abril del 1976 pasa a Francia por primera vez para ayudar a un amigo desertor y se relaciona con los exiliados libertarios de Perpiñán, para entrar posteriormente en contacto con un grupo autónomo libertario de acción, pero no es un revolucionario profesional y continúa viviendo de los trabajos del campo.El 15 de octubre de 1977 es detenido en la frontera por una delación. Tras tres días en la comisaría (auténtica txeca fascista) de la Vía Laietana, entra en la cárcel de Figueres para restablecerse de la paliza, y a final de mes es llevado a la prisión de Girona. Entra en contacto con la Coordinadora de Presos En Lucha (COPEL) y se convierte en un miembro activo. Como consecuencia de sus actividades en la COPEL es trasladado, sin que sus abogados se enteren, el 1 de enero de 1978 a la prisión madrileña de Carabanchel dónde también se incorpora de lleno en la COPEL. La noche del 13 al 14 de marzo de 1978, cuando los funcionarios de prisión descubren que Agustín se ha enterado de los nombres de los infiltrados de la policía en la COPEL y en grupos anarquistas, es asesinado de una paliza; el doctor Gregorio Arroyo certifica en la enfermería de la prisión el óbito a causa de un «shock traumático» a las 7.30 horas. Nadie lo vio tras su muerte y el cadáver fue trasladado a Sallent dónde fue enterrado sin ningún permiso, ni siquiera el de sanidad, hacía falta evitar escándalos.
Han pasado los años,  pero hoy como ayer  la repre-sión castiga, eso sí sus métodos se van  perfeccionando, la tortura pretende ser blanca y no morada y el control que se ejerce sobre nosotros subliminalmente totalitario..Vigilar y Castigar es la misión del Estado, y la misión de los medios de manipulación de masas es lavar esa guerra sucia, engañar a las mentes si ya no lo estaban y convertir a cada uno de nosotros en policía.
Por eso, los títulares de El PAÍS en referencia a la muerte de Jon Anza, que si la ETA lo delató, que si la izquierda abertzale pretende resucitar el fantasma de la guerra sucia, no dejan de ser agua sucia de una colada, una más, que se nos cuela por las alcantarillas.

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